PIT-CNT: 60 años de unidad sindical en Uruguay

Esteban Silva Cuadra, Coordinador de la Plataforma, participó del el Seminario Internacional «Internacionalismo, soberanía e integración regional: el futuro del trabajo desde los derechos de los pueblos», realizado en Montevideo, Uruguay, los días 3 y 4 de octubre de 2026 por los 60 Años de Aniversario del Plenario Intersindical de Trabajadores – Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT), que constituyó la unidad histórica de las trabajadoras y trabajadores uruguayos.

Compartimos texto de su intervención

Por Esteban Silva Cuadra

Compañeras y compañeros:

Les transmitimos un abrazo fraterno y solidario al PIT-CNT y a las generaciones de trabajadoras y trabajadores que han construido estos sesenta años de unidad sindical.

Esta conquista del pueblo uruguayo es patrimonio del movimiento obrero latinoamericano y caribeño. Expresa conciencia de clase, pluralidad, independencia y capacidad de vincular las reivindicaciones laborales con las aspiraciones democráticas de todo un pueblo. Desde el pensamiento allendista, reconocemos una enseñanza fundamental: la fuerza de las y los trabajadores crece cuando sus luchas se articulan con un proyecto de transformación social.

Pensar el futuro del trabajo exige preguntarnos quién decide sobre la economía, quién controla la tecnología, cómo se distribuye la riqueza y qué capacidad tienen nuestros pueblos para determinar su desarrollo.

Junto a la contradicción entre capital y trabajo, enfrentamos hoy otra contradicción fundamental: imperialismo y neocolonialismo versus soberanía de los pueblos. Ambas se entrelazan: la explotación laboral se articula con estructuras internacionales que subordinan economías, se apropian de recursos y restringen nuestras decisiones mediante la coerción militar, el endeudamiento, las presiones comerciales, el control tecnológico y los privilegios del capital transnacional.

La emancipación de los trabajadores requiere enfrentar la explotación y la dependencia. La soberanía adquiere contenido popular cuando transforma las relaciones económicas y distribuye la riqueza; los derechos sociales necesitan capacidad soberana para sostenerse. El conflicto social y de clases, la lucha antiimperialista y la lucha anticolonialista convergen en la emancipación de nuestros pueblos.

Desde Chile Mejor sin TLC y la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, hemos comprendido, a lo largo de estos treinta años de tratados de corte neoliberal, que el libre comercio va mucho más allá de los aranceles. Los TLC constituyen la expresión jurídica y política del poder de las corporaciones transnacionales para garantizar sus ganancias en cualquier rincón del planeta. Junto con los tratados bilaterales de inversión, los TBI, los contratos y los mecanismos de arbitraje inversionista-Estado, conforman una arquitectura jurídica de impunidad que blinda los intereses del capital y permite impugnar decisiones públicas destinadas a proteger los derechos de los pueblos y la naturaleza.

La globalización neoliberal reorganizó profundamente las relaciones de producción a escala planetaria y las bases materiales de nuestras sociedades. Integró nuestras economías en cadenas globales de valor, circuitos financieros transnacionales y redes tecnológicas que restringen la autonomía económica y generan consecuencias devastadoras en los territorios. Por eso, sus estructuras de dominación no se desmantelan mediante una tanda de aranceles selectivos.

Rechazamos el falso dilema entre proteccionismo y libre comercio impuesto desde los centros de poder. Desde nuestra perspectiva, las políticas arancelarias del gobierno de Donald Trump representan una reconfiguración de los mecanismos de acumulación capitalista que preserva los privilegios corporativos. El lema «America First» encubre la protección de las corporaciones estadounidenses mientras mantiene la desregulación financiera y los beneficios fiscales al gran capital. Nuestra alternativa es la soberanía de los pueblos, el comercio justo y la integración solidaria.

Por ello, hemos luchado y seguimos insistiendo en revisar democráticamente estos tratados y promover su denuncia o renegociación cuando comprometen la soberanía y los derechos. Frente a las presiones comerciales y al uso unilateral de aranceles, debemos fortalecer nuestra capacidad de resistencia y respuesta, la cooperación regional y nuestra capacidad conjunta de negociación, recuperando las herramientas para decidir sobre nuestras propias formas de vida y desarrollo.

En este nuevo contexto, a partir de experiencias como la Alianza Social Continental y de nuestra propia articulación durante los últimos años como plataforma contra los TLC, integrada por organizaciones sindicales, populares, medioambientales y territoriales, pensamos que es necesario avanzar hacia una articulación latinoamericana y caribeña sindical, social y popular más amplia por la soberanía, la integración, la justicia económica y los derechos de los pueblos. La lucha contra los TLC y los TBI conserva plena vigencia y debe vincularse con una convergencia continental que transforme la resistencia en proyecto y conecte las luchas nacionales y territoriales. Defender nuestras soberanías requiere articulación y lucha conjunta.

Esta articulación debe convocar al movimiento sindical, a organizaciones sindicales regionales, a los trabajadores públicos de todo nuestro continente, a organizaciones campesinas, pueblos originarios, movimientos territoriales y socioambientales, plataformas contra los TLC, redes de justicia fiscal, universidades, intelectuales y organizaciones populares.

Como formulación abierta al debate y al intercambio que convoca este Seminario Internacional, proponemos avanzar en una articulación y confluencia: una Plataforma Latinoamericana y Caribeña por la Soberanía, el Comercio Justo, la Integración y los Derechos de los Pueblos. Compartimos esta reflexión con el movimiento sindical uruguayo, cuya experiencia de unidad constituye una referencia histórica y actual para construir un programa común.

Esta convergencia debe fortalecer espacios de integración popular autónomos respecto de los gobiernos, como, por ejemplo, la CELAC Social, articulando esfuerzos y ampliando su capacidad de acción.

Desde nuestra perspectiva, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la CELAC, está en disputa frente a fuerzas reaccionarias que buscan capturarla, bloquear acuerdos y vaciar su horizonte integrador. Debemos tomar las banderas de la integración desde nuestros pueblos, con completa autonomía respecto de los gobiernos de turno.

La CELAC Social, como expresión de una comunidad latinoamericana y caribeña construida desde las y los trabajadores manuales e intelectuales y las organizaciones populares, es hoy más necesaria que nunca. Una agenda propia, la participación, el poder democrático soberano y la capacidad de movilización deben permitirle impulsar iniciativas, exigir compromisos y enfrentar retrocesos, sin subordinarse a prioridades gubernamentales ni a ciclos electorales.

La soberanía económica, productiva, energética, alimentaria, tecnológica, territorial, cultural y financiera debe orientar este proyecto. El comercio y la inversión deben servir a los derechos de los pueblos y del trabajo, mediante reciprocidad, complementariedad, solidaridad y respeto a las asimetrías.

La integración debe elevar las condiciones de vida y superar la competencia basada en bajos salarios, precarización y menores protecciones. Necesitamos impulsar políticas industriales, compras públicas, empresas públicas, regulación del capital extranjero y protección de sectores estratégicos.

Debemos impulsar cadenas productivas regionales, industrialización conjunta, producción de medicamentos, cooperación científica, energética, portuaria y logística, y financiamiento regional. Nuestra riqueza natural debe generar conocimiento, tecnología, empleo digno y recursos para garantizar derechos.

El campesinado y los pueblos originarios son pilares de este proyecto. La defensa de la tierra, las semillas, el agua y la agricultura familiar debe fortalecer la soberanía alimentaria, los mercados locales, el comercio transfronterizo y la complementariedad regional. Debemos enfrentar el extractivismo que concentra beneficios y deja contaminación, desplazamiento y territorios de sacrificio, garantizando la participación comunitaria y la protección de nuestros bienes comunes.

La salud, la educación, el agua, la seguridad social, la vivienda, el transporte y los cuidados son derechos que requieren servicios públicos fuertes, financiamiento y condiciones laborales dignas. Para sostenerlos, necesitamos soberanía financiera y justicia fiscal, así como construir alternativas frente al endeudamiento, la evasión, la elusión, los paraísos fiscales y los flujos financieros ilícitos, fortaleciendo la banca pública y el financiamiento del desarrollo.

Compañeras y compañeros:

El futuro del trabajo forma parte de esta disputa por la soberanía y el poder. La inteligencia artificial, la automatización y las plataformas digitales plantean quién controla la tecnología y quién recibe sus beneficios. El movimiento sindical debe intervenir mediante organización, negociación colectiva, participación democrática y movilización nacional e internacional.

Los aumentos de productividad deben permitir reducir la jornada sin reducción salarial, mejorar las condiciones laborales y ampliar el tiempo para la vida familiar, la cultura y la participación social. Debemos garantizar derechos y seguridad social a los trabajadores de plataformas, transparencia en las decisiones algorítmicas y formación permanente con responsabilidad pública y empresarial.

La soberanía tecnológica exige capacidades propias y cooperación regional en datos, infraestructura digital, inteligencia artificial y propiedad intelectual. La transición energética para nuestra Patria Grande debe generar industrialización y valor agregado, con participación de trabajadores y comunidades, protección del empleo y alternativas productivas. Debemos construir una planificación democrática para enfrentar la crisis climática global. También debemos reconocer y redistribuir los cuidados y enfrentar las desigualdades que recaen sobre las mujeres.

Necesitamos vasos comunicantes permanentes entre el activismo sindical, social, campesino, indígena, territorial, ambiental y de derechos humanos. La precarización, las privatizaciones, la contaminación y la criminalización de dirigentes forman parte de una disputa común por el modelo de desarrollo.

Los derechos laborales son derechos humanos; los derechos económicos y sociales son condiciones materiales de la democracia; y la defensa territorial es parte de la soberanía popular. Una agresión contra un sindicato o una comunidad debe activar la solidaridad continental, campañas compartidas, alertas, acompañamiento y acciones coordinadas.

Debemos democratizar la política económica internacional con transparencia, estudios de impacto, debate parlamentario y participación vinculante antes de firmar y ratificar tratados. La formación sindical y la educación popular son esenciales para construir alternativas.

Nuestro internacionalismo exige coordinación frente al capital transnacional, defensa de las personas migrantes y compromiso con la paz, la autodeterminación y la descolonización. La solidaridad con las luchas de los pueblos por su autodeterminación e independencia frente al genocidio y la ocupación colonialista —como las que libran hoy los pueblos palestino y saharaui— expresa el derecho de todos los pueblos a vivir libres de ocupación y decidir su futuro.

Desde esa coherencia, debemos fortalecer la unidad bolivariana, la cooperación Sur-Sur con África y Asia y contribuir a un orden democrático y multilateral, ampliando nuestras capacidades soberanas y evitando nuevas dependencias.

La integración necesita continuidad más allá de los gobiernos. La CELAC Social y los espacios autónomos de unidad sindical y popular pueden sostener una Nuestra América capaz de cooperar, producir, comerciar e integrarse para garantizar derechos y bienestar.

Los sesenta años de unidad sindical del PIT-CNT nos comprometen con esa tarea colectiva.

Desde nuestra experiencia en la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, y desde el pensamiento allendista y el legado de lucha popular del pueblo chileno y de nuestro presidente mártir Salvador Allende, quiero expresarles nuestro agradecimiento fraternal por esta importante iniciativa. Reafirmamos nuestro compromiso internacionalista, antiimperialista y anticolonialista, nuestra solidaridad y nuestra voluntad de seguir trabajando juntas y juntos.

¡Viva la unidad de las trabajadoras y los trabajadores!

¡Vivan los sesenta años de unidad sindical del PIT-CNT!

¡Por la integración de los pueblos, en defensa de la soberanía, la autonomía, la justicia económica y los derechos sociales!

Montevideo, 3 de octubre de 2026.

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