Acuerdo Mercosur – UE: una tragedia que aún puede prevenirse

Por Gabriel Casnati para Red Brasileña para la Integración de los Pueblos (REBRIP).

La firma del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea representa para Brasil y otros países del bloque otro duro golpe a su soberanía nacional.

La firma del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea en junio pasado representa para Brasil y otros países del bloque otro duro golpe para su soberanía nacional, los derechos sociales y los proyectos de desarrollo inclusivo y sostenible.

En primer lugar, en el contexto brasileño, este acuerdo debe entenderse como parte del proyecto de golpe institucional en curso, ya que abre las puertas de los países del Mercosur a una avalancha de productos y servicios importados por las grandes corporaciones transnacionales europeas. Sirve además de impulso a la ola privatizadora, que es una de las motivaciones fundamentales del golpe de Estado que comenzó en 2016.

En segundo lugar, la situación en torno a la firma del acuerdo es la peor posible. Por un lado, la Unión Europea, en crisis desde 2008, ve en la expansión de los intereses de sus empresas transnacionales hacia el Mercosur y otras regiones una parte de la solución a sus graves problemas sociales, ambientales, económicos y políticos, Especialmente en este momento en que Europa está cuasi paralizada por la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Por otro lado, el Mercosur, con sus dos principales países negociadores, Brasil y Argentina, marcado por debilidades políticas y económicas de las gestiones neoliberales y autoritarias, y la sumisión a los intereses extranjeros.

En estas condiciones, el Mercosur firmó el acuerdo motivado por supuestos beneficios en el área agrícola. Esta postura revela la influencia de los sectores ruralistas, que constituyen la base aliada de los gobiernos de Brasil y Argentina y que son las fuerzas detrás del desmantelamiento de las políticas de protección ambiental, la explosión del uso de pesticidas y la agenda de exterminio de los pueblos indígenas.

Como resultado se abre un mercado para las exportaciones provenientes del agronegocio, con un alto costo humano y como una forma de reubicar al Mercosur una vez más para cumplir con su «destino» principal de exportación. La contrapartida es la reducción de aranceles para los bienes industriales europeos, favoreciendo la desindustrialización del de sus economías.

De hecho, el gobierno brasileño, que ya vendió Embraer, entregó Pre-Sal en partes y está debilitando al BNDES como parte de sus estrategias de desindustrialización, está cumpliendo inexorablemente su hoja de ruta de renuncia y rendición a los principales intereses transnacionales, visto desde cualquier perspectiva que abogue por el desarrollo nacional y regional.

Como era de esperar, el tramo final del acuerdo se negoció sin ningún tipo de transparencia y debate político, evitando el seguimiento crítico de la sociedad civil y la población que se verá afectada. Los detalles del texto aún no se conocen, tampoco cuán excesivas fueron las concesiones hechas por Mercosur. Pero es posible ver los impactos relacionados con la apertura en el sector de servicios, lo que afectará incluso a los servicios públicos como el agua, la educación, y la salud. También tendrá fuerte impacto la apertura en la contratación pública (que limita el uso del poder adquisitivo del estado para dirigir las políticas públicas), la imposición de medidas fronterizas (que pueden dificultar la circulación de medicamentos genéricos), y la disparidad entre bloques en la economía digital (que afectará las políticas de seguridad de datos).

La Red Brasileña para la Integración de los Pueblos (REBRIP) ha estado siguiendo esta negociación desde 1999 y ha denunciado las trampas del modelo de «libre comercio» que propaga el acuerdo. En varias ocasiones, ofrecemos a los negociadores información técnica para respaldar posiciones contrarias a las demandas europeas. También articulamos movimientos regionales contra el acuerdo. Después de años de resistencia, los gobiernos del Mercosur finalmente cedieron. ¡Entonces es hora de hacer un llamado a los movimientos sociales para unificar la resistencia regional para evitar la ratificación del acuerdo en los parlamentos nacionales!

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