La elite norteamericana analiza los acuerdos comerciales de Trump
El Council on Foreing Affairs (CFR) publicó recientemente un artículo donde señala los principales aspectos de los acuerdos suscriptos por el actual presidente de su país. En nuestra región, se destacan las negociaciones con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala. Según esta organización no gubernamental, “el presidente se ha propuesto reescribir las reglas del comercio, un acuerdo a la vez”.
Por Ignacio Rodríguez para Plataforma América Latina Mejor Sin TLC
El Consejo en Relaciones Exteriores (Council on Foreing Relations) es un “think-tank” estadounidense, responsable de la publicación de la revista “Foreing Affairs” y, a juicio de muchos analistas internacionales, la organización no gubernamental que más ha influido en la política exterior de Washington. Se define a sí misma como “una organización nacional integrada por grupos de expertos, educadora y editora no partidista e independiente” que “promueve la discusión pública informada” y se propone como misión “informar el compromiso de Estados Unidos con el mundo”.
En los hechos, esta organización centenaria de la elite empresarial, política e intelectual de Estados Unidos se ha dedicado a impulsar los intereses de este país a lo largo de su ascenso como potencia imperial desde la Primera Guerra Mundial del SXX hasta nuestros días. En su consejo de administración hicieron pie personajes como Henry Kissinger y entre sus financistas se encuentran importantes figuras de Wall Street y de grandes corporaciones norteamericanas. No obstante su sesgo orientado a la supremacía mundial de los Estados Unidos, sus análisis son una buena fuente de información respecto a cómo la elite de este país percibe la política comercial de Trump y los acuerdos comerciales, entre otros, con las naciones latinoamericanas.
Del “Día de la Liberación” al la construcción de un nuevo esquema de dominación
Donald Trump se ha caracterizado por llevar una política exterior espasmódica, con declaraciones altisonantes, imposición unilateral de aranceles, marchas, contramarchas, pero con una decidida vocación de reescribir las reglas del autodenominado “libre comercio”, que su país impulsó y lideró en tiempos de la globalización neoliberal, y que se expandió por el mundo desde la caída del muro de Berlín a comienzos de la década del ‘90 del SXX.
Pero las reglas del comercio mundial, que nunca fue tan “libre” y que se expandieron más allá de las relaciones mercantiles, hoy necesitan, para EE.UU. un ajuste. El ascenso de China como potencia industrial y gran consumidora de materias primas modificó su lugar como principal socio comercial de mucho países latinoamericanos y, en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana, Trump volvió a enfocar su atención en la región, que históricamente fue considerada su “patio trasero”.
El 2 de abril de 2025, denominado ampulosamente “Día de la Liberación” por la administración trumpista, Washington anunció de manera indiscriminada y masiva aranceles comerciales superiores en promedio al 17% para un conjunto de 166 países. El efecto negativo en los mercados lo obligó a dar marcha atrás, pero la medida funcionó como amenaza: quien no se alineara volvería a sufrir el castigo arancelario.
A través de un juego de ajustes arancelarios y exenciones selectivas, Trump impulsó acuerdos bilaterales que, según señala el CFR, tienen común un fuerte énfasis en la “seguridad económica” norteamericana. Es decir, quienes los suscriben se comprometen a resguardar ese principio mediante acciones como: “replicar las medidas comerciales de EE.UU. hacia terceros países (como aranceles o controles a las exportaciones), establecer mecanismos de control de inversiones, excluir a ciertos países de los contratos públicos y comprometerse a cooperar en la resiliencia de la cadena de suministro”.
Los nuevos TLC que impulsa Estados Unidos buscan excluir la participación del Congreso, obtener negociaciones rápidas y utilizan un lenguaje que habilita la posibilidad de modificaciones constantes. Un marco de entendimiento donde Washington se reserva la potestad de introducir cambios si su “seguridad económica” está en juego. La reciente decisión de la Corte Suprema de EE.UU. de revocar los aranceles impuestos por Trump desde el “Día de la Liberación”, por tratarse de una atribución del Congreso, obligó al presidente norteamericano a reponerlos con una norma temporal, lo que suma incertidumbre a su política comercial. Los países que se apuraron firmar acuerdos, negociaron concesiones en base a exenciones y supuestos beneficios de dudosa permanencia en el tiempo.
Argentina, El Salvador, Guatemala y Ecuador, los socios más entusiastas
Cuatro países latinoamericanos que se apuraron a suscribir nuevos acuerdos con la administración Trump: Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala. Los cuatro acuerdos fueron anunciados el 13 de noviembre de 2025. La sincronía del anuncio coincide con elementos comunes en sus cláusulas. A pesar de que sus textos solo circularon en inglés y no fueron abiertos al debate público, el CFR difundió algunos puntos comunes entre ellos:
- Compromiso de abordar las barreras no arancelarias. Recae en las contrapartes latinoamericanas la responsabilidad de eliminar barreras regulatorias o incorporar las adoptadas por Estados Unidos.
- No fijar impuestos a los servicios digitales y apoyar la adopción de una moratoria permanente sobre los derechos de aduana para las transmisiones electrónicas en la OMC.
- Seguridad económica: implica cooperación (o alineamiento) para enfrentar de manera coordinada prácticas no mercantiles de terceros países en rubros como control de exportaciones, seguridad de inversiones y evasión arancelaria, evasión de derechos.
El caso del acuerdo con Argentina, este país se compromete además a:
- Brindar asistencia no comercial en el proceso de privatización de empresas estatales.
- Priorizar a EE.UU. como socio en la extracción de minerales críticos (litio y cobre) por sobre “economías manipuladoras de mercado” (una referencia alusiva a China).
- Compromiso de cooperar con Estados Unidos en lo que respecta a las instalaciones espaciales operadas por otros países dentro de su territorio.
- Adoptar medidas para abordar las preocupaciones EE.UU. sobre propiedad intelectual (lo que puede tener fuertes impactos en materia de semillas y medicamentos para la Argentina).
De los aspectos generales que destaca el CFR, aunque la organización no lo dice explícitamente, se puede leer no sólo la clara intención de EE.UU. de imponer condiciones asimétricas y favorables a sus intereses sino, también, la clara voluntad de desplazar a China como principal socio comercial de los países de la región. Cuando la administración Trump se refiere a la “seguridad económica” lo hace en sintonía a las definiciones sobre su “seguridad nacional”, plasmadas en su Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que varios analistas internacionales ven como una reedición de la doctrina Monroe y su lema “América para los americanos”. El problema es que China se ha convertido en el principal socio comercial de varios países de la región y redireccionar su comercio hacia Estados Unidos no parece ser la decisión más conveniente para sus economías.










