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Cumbre de las Américas: nunca más un ALCA

Apenas hace 17 años América se rebeló en la cumbre del Mar del Plata contra Estados Unidos.

Por Manuel Pérez Rocha para La Jornada

Dijimos no al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), por ser un proyecto de dominio hegemónico y geoestratégico del gobierno de George Bush hacia el hemisferio, basado en el –devastador para la población trabajadora de Norteamérica– TLCAN.

Cada Cumbre de las Américas brinda oportunidades para vernos en el espejo del imperialismo estadunidense y medir los grados de unidad o desunión en América Latina y el Caribe. Andrés Manuel López Obrador se ha erigido como líder regional para dar nuevos impulsos a la añorada integración hemisférica y repeler reverberaciones de la doctrina Monroe. Pero, igual que con el entierro del ALCA en 2005, la contundencia de nuevos avances integracionistas y el sacudirnos del modelo neoliberal y capitalismo dependiente, dependerán de las respuestas a demandas de movimientos sociales.

En palabras de Alberto Arroyo, profesor jubilado de la UAM-I y prominente articulador de la entonces Alianza Social Continental (de la que hablo más adelante), “ni Estados Unidos ni la Unión Europea lograron en principio tratados de libre comercio más que con los países con gobiernos absolutamente neoliberales, en Centro América, Chile, Perú y Colombia (además de México). Pero no se logra hacer lo mismo con los países donde los movimientos fueron más fuertes y donde existían alianzas con los gobiernos en la lucha contra el ALCA, como en Venezuela y los países del Mercosur. Tampoco logran TLC con los (entonces) nuevos gobiernos de Bolivia y Ecuador, que también fueron resultado de las luchas sociales (https://bit.ly/3G6Cif1)”.

El papel que jugaron organizaciones sociales y civiles en la derrota del ALCA fue fundamental. Una de las redes más importantes en el hemisferio fue la Alianza Social Continental (ASC), creada en 1997, que agrupó a organizaciones y redes laborales, del campo y la ciudad, representando a millones. Además de articular a movimientos populares, en espacios como el Foro Social Mundial y Cumbres de los Pueblos alternativas a las de los gobiernos; fue fundada para facilitar el intercambio de información y la creación de estrategias y acciones para la construcción de modelos alternativos y democráticos de comercio.

Fue precisamente el análisis riguroso y participativo que llevó a desmenuzar borradores del ALCA, filtrados por funcionarios aliados, y generar información que sirviera tanto a la población como a los mismos gobiernos. El documento El ALCA al desnudo, publicado en 2002 (https://bit.ly/3Nv4F99), contiene análisis de los capítulos de agricultura, servicios, compras públicas, competencia, entre otros. Como explica Karen Hansen Kuhn, de la entonces red Alianza por un Comercio Justo de EU, estos análisis coinciden en que se trata de un acuerdo que, de ser implementado, podría tener profundos impactos negativos sobre pueblos y ecosistemas a lo largo del continente. Los integrantes de la ASC no nos oponemos a las relaciones comerciales y económicas entre los países. Sin embargo, creemos que las reglas que rigen esas relaciones deben ser diseñadas de tal modo que garanticen que tanto el comercio como la inversión sirvan, ante todo, para promover un desarrollo equitativo y sustentable.

Participé, desde la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (Rmalc), en el análisis del capítulo de inversiones del ALCA, junto con mis colegas Sarah Anderson (IPS), Scott Sinclair (CCPA), John Dillon (Qpd), entre otros. Encontramos que era casi una fotocopia de las reglas del TLCAN en favor de las corporaciones: mecanismos supranacionales de solución de controversias y privilegios como cláusulas de expropiación indirecta (pagarles sus ganancias esperadas), trato nacional y prohibición a gobiernos a imponer controles de capital (incluyendo aquellos llamados golondrinos) y a requisitos de desempeño a inversionistas ( o sea que se desentiendan del desarrollo nacional y local). Se trataba de exportar el neoliberalismo de a todo el continente.

Cada capítulo del borrador del ALCA fue contrastado también con otro importante documento de la ASC: Alternativas para las Américas (https://bit.ly/3lsJqcn) en que se plantean principios rectores de democracia y participación; soberanía y bienestar social; la reducción de desigualdades y la ­sustentabilidad.

AMLO visualiza una especie de Unión Europea (UE) para el hemisferio. Es una utopía útil para dar pasos en direcciones correctas. Más allá de un mercado común un principio fundamental de la UE es el libre tránsito de trabajadores y la libertad de radicar en cualquier país miembro (una de las razones por las que una muy delgada mayoría de británicos votaron xenofóbicamente por el Brexit).

En la llamada de gobiernos de México y de EU el pasado 18 de mayo, para tratar de destrabar la cuestión de la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela de la próxima cumbre en Los Ángeles, Marcelo Ebrard informó que se tendrá entre otros ejes definir una posición continental para la movilidad laboral, como medida para contrarrestar la migración irregular. Sería, como dice La Jornada (22/5/19), la primera vez que se discute movilidad laboral en una cumbre de este tipo. Dudo que se llegue a muchos avances dada la parsimonia de la administración Biden y la extrema xenofobia republicana, pero AMLO no debe proponer nunca más el revivir al ALCA y confirmar que México ya no es peón, como en la etapa neoliberal, del expansionismo de EU en la región.

*Investigador del Institute for Policy Studies www.ips-dc.org

Twitter: @ManuelPerezIPS

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