El Instituto Eqüit y la Red Brasileña para la Integración de los Pueblos (Rebrip) publicaron un dossier titulado «BRICS+: Soberanía y Futuro del Sur Global», coordinado por Graciela Rodriguez. El texto analiza el complejo contexto geopolítico actual y el creciente papel de los BRICS como un bloque emergente en la construcción de un nuevo orden mundial.
El documento contextualiza la emergencia de los BRICS en medio de una profunda y sistémica crisis del «Occidente Colectivo» —los países aliados de Estados Unidos durante la Guerra Fría— que trasciende las crisis cíclicas del capitalismo. Este desmoronamiento del orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial ha provocado un caos global, evidenciado por la deslegitimación de instituciones multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y la OMC, así como el abandono de principios básicos del derecho internacional, como el respeto a la soberanía y la no injerencia.
La globalización corporativa, impulsada desde los años 80 por la hegemonía económica norteamericana y el neoliberalismo, ha generado resultados contrarios a los prometidos, multiplicando las crisis financieras, como la de 2008, y llevando a Estados Unidos a una crisis de deuda inmanejable. Europa también sufre una gran inestabilidad, exacerbada por conflictos como la guerra en Ucrania y el apoyo a situaciones de genocidio. Esta incapacidad del multilateralismo occidental para lidiar con las crisis sistémicas ha generado incredulidad y la necesidad de nuevas vías.
En este escenario de incertidumbre y turbulencia, los BRICS (inicialmente BRIC) surgieron en 2009, contribuyendo a superar la crisis financiera internacional. Desde entonces, han planteado el reto de superar el sistema hegemónico unipolar, promoviendo la multilateralización del escenario mundial y la integración multipolar. El bloque, ahora expandido a BRICS+ (hoy lo integran 11 países y existe una creciente lista de solicitudes), representa el auge del Sur Global, un concepto que busca la cooperación con beneficios mutuos, la resistencia a proyectos coloniales y un orden internacional más justo. Aunque no son antioccidentales, los BRICS se han construido con una estrategia de no confrontación, buscando un mundo pacífico y justo que fortalezca el desarrollo del Sur Global y supere el legado maldito del colonialismo. Su flexibilidad institucional y la ausencia de reglas rígidas han sido clave para su éxito y atractivo, permitiendo una gran diversidad de visiones.
Los BRICS+ buscan armonizar las relaciones en el Sur Global a través de la cooperación multidimensional y la conectividad económica. Entre los principales desafíos del BRICS se encuentran la salud global, buscando justicia y equidad frente a modelos de innovación farmacéutica excluyentes; la inversión en cuidados como estrategia para el desarrollo sostenible, generando empleo y reduciendo desigualdades de género; el impulso de políticas industriales sostenibles con valor agregado y nuevas tecnologías; la promoción de un futuro sostenible e inclusivo a través de instituciones financieras estatales; y la transición energética y climática, que es una prioridad para la presidencia brasileña de 2025, conectando con la COP30. También se destaca la importancia de la transición tecnológica y digital, incluyendo la Inteligencia Artificial. Finalmente, el documento enfatiza la necesidad de fortalecer la participación de la sociedad civil en la gobernanza de los BRICS+, para asegurar que las acciones del bloque reflejen los intereses de las sociedades y no solo de los gobiernos.
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