No hay acuerdos que sirvan sin un país que esté en condiciones de aprovecharlo

El balance para la Argentina depende de tres conjuntos de factores. En primer lugar, los vinculados al acceso a mercados, en cuya ponderación predomina forzosamente una lógica «mercantilista». Para esto, falta conocer la letra chica del acuerdo.

Por Roberto Bouzas (Universidad de San Andrés) para https://www.cronista.com/

No hay duda que el cierre de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea es una buena noticia para el gobierno argentino. Además, llega en un momento oportuno. También le ha ofrecido a la oposición un argumento más para diferenciarse del oficialismo. Pero sería lamentable que un tema tan trascendente como un acuerdo de «libre comercio» con la UE quede embarrado en una disputa electoral que tiene, entre sus leitmotiv, la unidad, el consenso y la juntada.

La evaluación de las consecuencias para el país es suficientemente compleja como para no complicarla tiñéndola con política de corto plazo. Los actores del debate darían una muestra de improbable madurez si tomaran al tema como parte de una agenda de relevancia estratégica.

El balance para la Argentina depende de tres conjuntos de factores. En primer lugar, los vinculados al acceso a mercados, en cuya ponderación predomina forzosamente una lógica «mercantilista». Para esto, falta conocer la letra chica del acuerdo.

En segundo lugar están los factores vinculados a las disciplinas a las que compromete el acuerdo, que van más allá de los temas de acceso. Es un análisis mucho más difícil que la anterior: el argumento repetido de que un acuerdo comercial con un país o países desarrollados mejora las instituciones y las disciplinas de un país en desarrollo se apoya en supuestos muy debatibles, principalmente los de «neutralidad» de las instituciones y «superioridad» de ciertas instituciones con independencia del tiempo y el lugar.

El último componente, más inasible que el anterior, relacionado con las señales que el acuerdo enviaría a los agentes económicos. Por lo que se refiere a las políticas internas y a la evolución futura del Mercosur. Es el más conjetural, y corre el riesgo de convertirse en el eje de un debate que apenas se inicia.

Existen dos puntos de partida que deberían convertirse en ejes del debate. Primero, casi una verdad de Perogrullo: el reconocimiento de que no hay acuerdo comercial que pueda traer beneficios a una economía que no tiene las condiciones necesarias para aprovecharlos.

La Argentina tiene varios factores que conspiran contra esa capacidad: destacadamente, la recurrente inestabilidad macroeconómica, la falta de continuidad y consistencia de las políticas públicas y una dominancia del corto plazo como modo de gestión de la economía. Si bien es probable que no sea la mejor excusa, el acuerdo con la UE al menos podría proporcionar una buena para encarar estos temas en un contexto de búsqueda de consensos básicos. Sería lamentable que el debate sobre el acuerdo lo sustituyese.

Este foco en las políticas «internas», además, no debería limitarse al ámbito nacional. El acuerdo con la UE coloca demandas impostergables sobre el Mercosur como proyecto colectivo. Sus miembros, si efectivamente querían concluir el acuerdo, han adquirido una deuda importante con la administración Trump y el nuevo clima que sus políticas han creado en el comercio internacional. Lo que hay por delante no volverá a ser «un regalo del cielo». Se trata de transformar la región en un actor consistente que pueda aprovechar las oportunidades, allí donde existan.

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